Eli Tarasiuk
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Reseñas con criterio

Amores que no piden permiso

Recuérdame, Alice, de Marta Santés

5 min de lectura

Portada de Recuérdame, Alice, de Marta Santés

El amor puede ser hermoso. ¿Puede ser? No: lo es. Pero también puede doler, y por eso nos da miedo. ¿Por qué duele algo que nos hace sentir vivos? Porque a veces es unilateral y damos más de lo que recibimos. Porque a veces no es correspondido, o llega a destiempo. Y porque a veces se lo considera prohibido y la sociedad, simplemente, no lo acepta. ¿Pero qué más da? Nos hace sentir vivos igual.

De eso trata, en el fondo, esta novela. Y de eso quiero hablar hoy.

La autora, en dos líneas

Marta Santés nació en Requena (Valencia) en 1991, es maestra de Educación Infantil y escribe historias desde los quince años. Ganó el Premio Titania de novela romántica con Retrato de una piel desnuda, y en 2022 publicó Recuérdame, Alice, la novela que nos convoca.

De qué se trata

Alice es profesora de literatura. De chica sufrió un accidente que le dejó una secuela cruel: pierde la memoria a corto plazo. Lo único que la reconforta es un sueño que se repite, siempre el mismo, en el que aparece una persona que no conoce pero que la hace sentir viva.

Liam es un estudiante de un internado en Bolonia, un lugar duro, cruel. Es un chico silencioso, que evita a los demás por miedo a que lo lastimen. Él es la persona misteriosa de los sueños de Alice, pero no se conocen hasta que ella empieza a dar clases en el instituto. Alcanzan una mirada y unos cuantos escritos para que ese amor prohibido se convierta en pasión: un sentimiento que rompe barreras, en un contexto histórico como fue el atentado terrorista de la estación de Bolonia de 1980.

Están destinados a estar juntos, a amarse contra todos los prejuicios. Y Alice tiene un solo objetivo: no olvidarse nunca de Liam. (Y no, antes de que alguien lo diga: no es Diario de una pasión. Nada que ver.)

La historia se cuenta con una prosa desgarradora y en varias voces: videos en los que Alice va narrando lo que siente; los diarios de Liam, escritos desde sus sentimientos más puros y honestos; y Mario, que en el presente cumple un papel fundamental: lograr que Alice, en sus últimos años, no olvide quién fue el amor de su vida.

Amores prohibidos: ¿prohibidos para quién?

Lo que más me quedó dando vueltas no es solo la historia de amor, sino la pregunta que la atraviesa: ¿quién decide qué amor está permitido? Una profesora y un alumno. Una diferencia de lugar, de rol, de edad. La mirada del internado, la de los colegas, la de una sociedad entera que ya tiene la sentencia escrita antes de escuchar nada.

Los amores prohibidos no son nuevos. Cambian las reglas según la época -la clase social, la religión, la edad, el género, el estado civil-, pero el mecanismo es siempre el mismo: alguien de afuera decide que eso que dos personas sienten “no corresponde”. Y ahí aparecen el silencio, el esconderse, las cartas que no se mandan, los diarios que nadie debería leer. En la novela, justamente, lo que no se puede decir en voz alta se escribe.

Santés no nos pide que aplaudamos todo ni que aprobemos cada decisión, nos pone adentro del sentimiento para que, antes de juzgar, entendamos. Y eso es molesto. Porque cuando uno entiende, las etiquetas de “correcto” e “incorrecto” se vuelven mucho menos cómodas.

Momento chisme (sí, a mí también me pasó)

Para cerrar

Marta Santés logra atraparte en una historia de amor prohibido, pero de un amor real, de esos que te hacen sentir vivo desde el prólogo hasta la última página. Una novela sobre la memoria, sí, pero sobre todo sobre lo que el corazón se niega a olvidar.

¿Ustedes vivieron alguna vez un amor “prohibido”? Los leo en los comentarios… prometo guardar el secreto.