
Fahrenheit 451
Fahrenheit 451: ya no hace falta quemar libros
Una novela de 1953 que parece haber leído nuestro historial de búsqueda en Google.
El blog
Cuatro líneas editoriales: El oficio de leer, Clásicos de cerca, Mundo entre líneas y Reseñas con criterio.

Fahrenheit 451: ya no hace falta quemar libros
Una novela de 1953 que parece haber leído nuestro historial de búsqueda en Google.

Recuérdame, Alice, de Marta Santés
El amor puede ser hermoso. ¿Puede ser? No: lo es. Pero también puede doler, y por eso nos da miedo. ¿Por qué duele algo que nos hace sentir vivos?

Casi nada de lo que se canta en las rondas de coplas queda escrito en ningún lado. Una forma de literatura que vive solo mientras alguien la canta.
La primera vez que escuché una copla no fue en un libro. Fue en la plaza de Humahuaca, un día de febrero, con el sol pegando fuerte y una caja marcando un ritmo seco y constante…

El conde que el mundo iba a mirar como una conciencia moral llevaba, a los diecinueve, la cuenta de sus propios fracasos como quien lleva un libro contable.
A los diecinueve años, León Tolstói se sentó a escribir sus propias reglas de vida. Levantarse a las cinco. Dormir a las diez. Comer poco y sin dulces. Las escribió en su diario con la solemnidad de quien redacta una constitución, y las incumplió casi de inmediato…

La cuenta no medía la lectura. Medía la ansiedad de estar rindiendo cuentas todo el tiempo, incluso en aquello que se suponía que era un refugio.
Tengo notas en el celular donde guardo una lista de libros por leer. ¿El objetivo del año? No lo sé, porque después la rutina, las responsabilidades, los estudios y el trabajo se van acumulando…

Dieciocho años después de la primera lectura, volví a La insoportable levedad del ser de Kundera. No para confirmar lo que recordaba, sino para entender por qué me había dejado tan incómoda.
Terminé este libro dos veces. Una primera lectura cuando tenía 18 años; una segunda, ahora, a mis 36. La primera vez lo leí para llegar al final. Esta segunda vez elegí leerlo de nuevo porque no podía creer que un libro tan liviano en apariencia me hubiera dejado tan incómoda.